martes, 7 de mayo de 2013

Canción de cuna para un ángel.

Axel se giró y vio a un ángel en su cama. Era su mejor amiga, su confidente, y puede que algo más. Ella se removía en la cama. Parecía una niña pequeña. Con sus finos dedos intentaba resistir el frío que sentía agarrando la sábana y el edredón, que no tenía ninguna clase de relleno, por lo que no era de utilidad. Axel cerró la ventana, abrió la puerta de un armario y sacó una mantita roja clara. La abrió y la colocó sobre el cuerpo del angelito, y susurró un "buenas noches, pajarito" al oído de la muchacha. Se sentó en una silla a unos cinco metros y abrió la tapa del piano colocado en frente. Sus dedos recorrieron todas las teclas, y él notó el fino tacto de las frías piezas de aquel precioso instrumento musical. Oyó que el ángel se removía por enésima vez y comenzó a tocar mirando una partitura que él mismo había escrito. Era una melodía muy trabajada, ningún detalle había sido pasado por alto. Una gran tristeza se notaba en los suaves tonos, pero al mismo tiempo no era un sonido desesperanzador, sino más bien enternecedor. Las finas y experimetadas manos del joven se movían con facilidad, como si sólo se tratase de entretenerse haciendo una pulsera con varias cuerdas. La primera nota notablemente alta fue antes que algunas de esa clase. Una lágrima cayó desde su ojo izquierdo hasta la mejilla, donde resbaló y cayó en la nariz. Una vez allí se precipitó por el interminable abismo que la separaba del suelo. Pronto acabó la pieza y, al levantarse, pudo comprobar que el ángel ya dormitaba boca arriba en la cama. Se acercó, dejó un besito de buenas noches en la frente de la niña y susurró un "te quiero" al oído de aquel angelito.

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