¿Perros o gatos?

La mayoría de la gente tiene metida en la cabeza la idea de que el perro es el mejor amigo del hombre y el gato no está a su altura. Se dice del gato que sólo quiere a su dueño porque éste le da comida, y que este pequeño felino no hace caso a nada y se pasa el día durmiendo, pero... ¿No será que el fabuloso Felis no ha nacido para mostrar una ciega sumisión y que no es un simple sustituto de un ser querido, esclavo de la soledad del hombre?

Hace decenas de miles de años los humanos comenzamos a domesticar y criar en cautividad a los lobos, con lo que han ido evolucionando hasta convertirse en lo que ahora son, perritos falderos que sacan la lengua por una salchicha y mueven la cola con el único fin de agradar a sus dueños y jugar con ellos. En cambio, los gatos no han cambiado en absoluto en los casi diez mil años que han sido domesticados a lo largo de la historia, siendo incluso adorados por distintas civilizaciones como en el caso de los egipcios, cuya diosa Baset se aparecía con la forma de este peculiar felino capaz de sobrevivir a una caída de más de cincuenta metros.
Estos bigotudos animales son, en su mayoría, perezosos, un poco avariciosos y propensos a responder con arañazos cuando se les molesta, pero no por ser egoístas, sino porque resultan algo posesivos, al igual que muchos de nosotros.
A los perros se les considera muy fieles, y a los gatos unos aprovechados—por la única razón de que no se irguen sobre sus patas traseras para coger un trocito de jamón como un vulgar animal de circo—, pero hay quien cree que han llegado a tener un fortísimo vínculo sentimental con sus cuidadores. Es más, se han dado casos de gatos que se han marchado voluntariamente de una casa y han vuelto tras varios meses.
Curiosamente los gatos toman por propia la casa en la que viven al contrario que los perros. Para un can su casa no es suya, sino de su adorado dueño, al que ama. En cambio, para el gato la casa en la que reside es suya y solamente suya, y el hombre, mujer o familia que lo alimentan están en el grupo de los inquilinos, solo que en vez de darle dinero, le pagan haciéndole más cómoda la vida con comida, mantas esponjosas y montones de arena.
En el caso de los mininos, jamás ha estado tan equivocado el vocablo dueño, término que muestra al cuidador como propietario del animal. Un gato no está preso. Un perro puede sentirse mal, y al cabo de unos minutos olvidar ese dolor y perdonar a su señor, pero un gato no olvida, porque es inteligente. Es amable, pero al mismo tiempo frío y calculador, maquiavélico. El gato no tiene dueños, sino familia, y le da nombre incluso al célebre e hipotético asesino londinense Jack el Destripador. El gato es libre.

En conclusión, no niego que los perros sean los animales que mejor comprenden al ser humano, pues para eso han evolucionado a lo largo de decenas de miles de años, pero no se puede negar que el gato no es un simple animal de compañía.

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